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  • December 20, 2013
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Cambiado de la Ley al Espíritu

(Lea Romanos 7:1-6)

Esta mañana continuamos con nuestra serie “La Gracia que es Simplemente Maravillosa.” En nuestro mensaje anterior examinamos la forma como El Señor, a través del poder del Espíritu Santo, nos ha equipado, capacitado y nos ha dado el poder para vivir una vida recta que sea agradable a Sus ojos. En este mensaje, mientras continuamos nuestro recorrido a través de la carta de Pablo a la iglesia en Roma, el Apóstol prosigue en el mismo tenor. Pablo dice:

Ahora bien, amados hermanos, ustedes que conocen la ley, ¿no saben que la ley se aplica sólo mientras una persona está viva? Por ejemplo, cuando una mujer se casa, la ley la une a su marido mientras él viva; pero si él muere, las leyes del matrimonio ya no se aplican a ella. Así que mientras su marido viva, ella cometería adulterio si se casara con otro hombre; pero si el esposo muere, ella queda libre de esa ley y no comete adulterio cuando se casa de nuevo.

Por lo tanto, mis amados hermanos, la cuestión es la siguiente: ustedes murieron al poder de la ley cuando murieron con Cristo y ahora están unidos a aquel que fue levantado de los muertos. Como resultado, podemos producir una cosecha de buenas acciones para Dios. Cuando vivíamos controlados por nuestra vieja naturaleza, los deseos pecaminosos actuaban dentro de nosotros y la ley despertaba esos malos deseos que producían una cosecha de acciones pecaminosas, las cuales nos llevaban a la muerte. Pero ahora fuimos liberados de la ley, porque morimos a ella y ya no estamos presos de su poder. Ahora podemos servir a Dios, no según el antiguo modo —que consistía en obedecer la letra de la ley— sino mediante uno nuevo, el de vivir en el Espíritu.”

¿Qué es lo que esto significa para usted hoy? Aquí tiene algunos puntos:

1. Usted ha muerto a la Ley. Pablo dijo: “Ustedes murieron al poder de la Ley cuando murieron con Cristo.” Pablo hace la analogía de un matrimonio. El Apóstol hace una conexión entre una mujer casada que está unida a su marido mediante un pacto, y entre una persona Judía que estaba unida a la Ley. Pablo explica que si el esposo de la mujer muriera, el pacto moriría con él. Ella ya no estaría bajo ese pacto de matrimonio porque su esposo estaría muerto. De la misma forma, Pablo dice que los Judíos que estuvieron sujetos a la Ley, pero que habían Nacido de Nuevo, están muertos en Cristo, y ya que todos están muertos, no están atados al Pacto de la Ley. Sigo haciendo mención de los Judíos porque ellos eran los únicos quienes estaban sujetos al Pacto de la Ley en primer lugar. No soy Judío y probablemente usted tampoco lo sea. Así que para nosotros, los Gentiles, quienes nunca estuvimos bajo el Pacto de la Ley, no debemos sentir ningún tipo de obligación a seguir un pacto que ni siquiera fue ratificado que fuera para nosotros. Y aún si sintiera algún tipo de conexión con la Ley, esta debió haber muerto cuando usted murió en Cristo.

2. Usted está ahora unido con Cristo a través del Espíritu Santo. Pablo dijo, “ahora están unidos a aquel que fue levantado de los muertos.” El Espíritu Santo nos conecta, espiritualmente, con el mismo Cristo Jesús. Sabemos que el Espíritu Santo vive en nosotros, pero Jesús mismo está en nosotros también. Hablando a Sus discípulos acerca de lo que acontecería después de Su resurrección, el Señor Jesús dijo, “Cuando yo vuelva a la vida, ustedes sabrán que estoy en mi Padre y que ustedes están en mí, y yo, en ustedes” (Juan 14:20). Pablo escribiría después, “Cristo vive en ustedes. Eso les da la seguridad de que participarán de su gloria “ (Col.1:27). ¡El Espíritu Santo vive dentro de cada creyente que ha Nacido de Nuevo, y Él nos conecta al mismísimo Cristo Jesús!

3. Deshacerse de la Ley trae consigo liberación del poder del pecado. Pablo dijo, “Pero ahora fuimos liberados de la ley, porque morimos a ella y ya no estamos presos de su poder.” La Ley tenía poder, pero era un poder para condenar. Nosotros aceptamos esa condenación, reconocimos el hecho de ser pecadores, reconocimos a Jesús como Señor, fuimos Nacidos de Nuevo, hicimos morir a nuestro viejo hombre, y también morimos a la Ley. Ahora podemos abrazar la Gracia de Dios, para que Dios nos revele Su propósito para nuestras vidas, y para buscar ese propósito a través de Su poder. Esta es una mucho mejor forma de vivir. ¡Perdonados, con poder y trabajando para Su Reino!

4. Ahora usted puede servir a Dios viviendo en el Espíritu. Pablo dijo, “Ahora podemos servir a Dios, no según el antiguo modo —que consistía en obedecer la letra de la ley— sino mediante uno nuevo, el de vivir en el Espíritu.” Nuestro enfoque ya no debe estar en la letra de la Ley, sino en el poder del Espíritu. La Ley nos decía qué NO HACER. El Espíritu Santo nos dice QUÉ HACER. El Espíritu Santo nos permite alcanzar el poder Sobrenatural de Dios, mediante Su maravillosa Gracia. No porque lo merezcamos, ni porque nos lo hayamos ganado, ni porque seamos tan buenos. ¡Dios nos usa, por el poder del Espíritu Santo, porque Él es tan bueno! ¡Eso es la Gracia! Y no cualquier gracia; ¡es la Gracia de Dios y sí, es maravillosa!

Declaración de Fe: Padre, te doy las gracias por enseñarme más y más acerca de Tu maravillosa, sólida e inmerecida Gracia. Tu Palabra me enseña que estoy muerto a la Ley porque en Cristo mi vieja naturaleza está muerta. Mi viejo hombre murió cuando yo Nací de Nuevo. Fui crucificado con Cristo, y sin embargo vivo. La vida que vivo en la carne, la vivo por fe en aquel que dio Su vida por mí. No soy perfecto, pero he sido perdonado. Yo estoy muerto a la Ley y hago morir el yo a diario. Y cuando lo hago, lentamente me vuelvo el hombre/mujer que Tú me has llamado, destinado y deseado que sea. Camino en la nueva vida que con Su muerte me dio Cristo Jesús. No vivo enfocado en la Ley. Estoy enfocado en Tu propósito para mi vida. Tú me revelas Tu propósito, mediante Tu Espíritu que vive en mí, y Tu Espíritu me permite alcanzar Tu poder divino. Yo vivo en el Espíritu y no proveo para los deseos de la carne. Todos los días hago morir el yo y el pecado, y me vuelvo cada día más y más como Tú eres. Y aunque no soy perfecto, he sido perdonado y Tú decidiste usarme por Tu maravillosa Gracia. ¡Así que aquí estoy, Padre, listo para ser usado hoy, para Tu gloria! ¡Tú y yo, yo y Tú, juntos hagamos la diferencia! En el Nombre del Señor Jesús. Amén.

¡Esta es la Palabra de Hoy! Póngala por Obra y Mejore.