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Cuando El Mundo Te Abofetea

(Lee Juan 18: 15-22)

 

Esta mañana continuamos nuestra mini-serie “Semana de la Pasión“. Ayer nos quedamos en que Jesús estaba siendo detenido. Vamos a retomar la historia a partir de este punto.

 

Los soldados Romanos llevaron a Jesús a ver a los Sumos Sacerdotes. Pedro y otro discípulo les seguían. Pedro estaba afuera de la casa del Sumo Sacerdote, mientras que el otro discípulo entró. Anás interroga a Jesús, cuestionando Sus enseñanzas y acciones. Jesús respondió: “He hablado abiertamente en público. He enseñado regularmente en los lugares de reunión y en el Templo donde todos los Judios se reunen. Todo ha sido en público. No he dicho nada en secreto. Entonces, ¿por qué me tratan como a un conspirador? Interroga a los que me han escuchado. Ellos saben bien lo que he dicho. Todas mis enseñanzas han sido claras.” La respuesta de Jesús fue sencilla. A pesar de que fueron fuertes Sus palabras (Jesús no era un cobarde), no creo que fuera una falta de respeto. Sin embargo, a uno de los guardias que estaban ahí no le gustó la forma en que Jesús le respondió al Sumo Sacerdote, por lo que abofeteó a Jesús en la cara. Tn sólo de imaginar esa escena me pongo a temblar.

 

Cuando pensamos en Jesús, la mayoría de las veces, pensamos en el Jesús milagroso. Pensamos en el Dios-hombre que frenó una procesión funeraria cuando se encontró a una mujer que estaba por perder la razón. Su marido había muerto y estaba en camino a enterrar a su único hijo. Jesús tuvo compasión de ella y levantó a su hijo de entre los muertos. Podemos pensar en el Dios-hombre que se presentó a una gran multitud (5,000 hombres, sin contar las mujeres y los niños) y tuvo compasión de ellos cuando tenían hambre. Tomó el almuerzo de un jovencito (2 peces y 5 barras de pan) y alimentó a toda la multitud hasta que estuvieron llenos. Pensamos en el Dios-hombre que se presentó en la casa de Sus amigos (María y Marta) después de que el hermano de ellas había muerto cuatro días antes. Su cuerpo ya empezaba a apestar. Tuvo tanta compasión por ellos que lloró. Él fue a la tumba, resucitó a Lázaro de entre los muertos, y le soltó de las vendas. Pensamos en el Dios-hombre que caminó sobre el agua y se reunió con Sus discípulos a la cuarta vigilia de la noche (entre las 3 y las 6 de la mañana), cuando estaban cansados, frustrados, y temerosos. Fue al encuentro de ellos e invitó a Pedro a que caminara con Él sobre el agua. Podemos pensar en el Dios-hombre que conoció a una mujer en la iglesia que quería enderezarse, pero no podía. Ella había estado encorvada por 18 años, pero seguía adorando a Dios. Jesús, viéndola, tuvo compasión de ella y la curó en ese mismo momento. Su espalda se enderezó y su alabanza fue a otro nivel.

 

La mayoría de las veces pensamos en el milagroso Jesús, el poderoso Jesús, el hacedor de prodigios Jesús. ¿Pero qué pasa con el Jesús que fue azotado 39 veces con un látigo de 9 tiras por nosotros? ¿Qué pasa con el Jesús que fue golpeado de tal manera que quedó casi irreconocible? ¿Qué pasa con el Jesús en nuestro texto de esta mañana, que fue abofeteado en la cara por nosotros? Esta fue también parte de Su vida. Jesús soportó estas y muchas situaciones más dolorosas en el camino a la resurrección.

 

¿Qué significa esto para ti hoy? Aquí tienes algunos puntos.

 

1.  La vida en Cristo no siempre es fácil. La vida en Cristo no siempre está llena de caminatas sobre el agua, alimentación de multitudes, sanación de enfermos y resucitar a los muertos. A veces la vida en Cristo significa que tienes que enfrentarte a cosas desagradables con una determinación divina. Puede que a veces estés diciendo las cosas correctas, tal como lo hizo Jesús en el texto, y que estés viviendo en el centro de la voluntad de Dios, tal como Jesús lo hacía en el texto, y que la vida siga extendiendo su mano y te abofetee en la cara, ¡tal como lo hizo con Jesús! Pero no te amedentres. ¡Al igual que Jesús, tú tienes la gracia para enfrentar lo que viene hacia ti! ¡Este mundo puede golpearte con toda su fuerza, y como creyente, tú puedes plantarte firme, RESISTIR, y vencer por la gracia de Dios! Dios nunca prometió que sería fácil, ¡pero sí hizo la promesa de darte la gracia de superar todo a lo que te enfrentes en el camino hacia tu objetivo!

 

2.  Puede encontrar Placer en el Dolor. Habrá dolor asociado con tu propósito, pero mientras sepas que el dolor vino por tu asignación divina, tú puedes encontrar  placer divino en ese dolor. Hay una diferencia entre la oposición frente a tu propósito divino y cosechar una mala cosecha que viene de una mala semilla. Mientras sepas que no estás cosechando las consecuencias de malas decisiones, se puede encontrar la paz en estar en el centro de la voluntad de Dios. Pablo dijo: Por eso me regocijo en debilidades, insultos, privaciones, persecuciones y dificultades que sufro por Cristo; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte“(2 Co. 12:10).

 

3.  Tú tienes la gracia para seguir adelante. Pablo dijo: “Nos vemos atribulados en todo, pero no abatidos; perplejos, pero no desesperados;9 perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero no destruidos.”(2 Cor 4: 8,9). ¿El mundo te dio una bofetada en la cara de esta semana? ¿Ha estado enfrentando oposición a tu propósito divino últimamente? ¿Estás en medio de una tormenta? Si es así, mira a Jesús. ¡Jesús venció todos los desafíos y TÚ TAMBIÉN LO HARÁS! ¡Cuando el mundo te golpee con toda su fuerza,  el Espíritu Santo te dará  el poder para soportarlo y sobreponerte! ¡Tú eres un vencedor y vas a SOBREPONERTE a todo lo que el enemigo ponga en tu camino! ¡No por tu fuerza, sino por la gracia de Dios !

 

Declaración de Fe: Padre, te doy gracias por recordarme en el Jesús que no me gusta pensar. Cuando pienso en Jesús a menudo pienso es el milagroso Jesús, el hacedor de prodigios Jesús, el poderoso Jesús. Me encanta pensar en mi Jesús que curó enfermos, resucitó muertos, dio vista a ciegos, hizo que caminaran los cojos, que hablaran los mudos, y que escucharan los sordos. Ese es mi Jesús. Pero mi Jesús también es el Jesús que fue herido por mis transgresiones y molido por mis pecados. Mi Jesús es también el Jesús que recibió 39 latigazos con un látigo de 9 tiras. Mi Jesús fue abofeteado en la cara, a pesar de que no había hecho nada malo. Mi Jesús fue arrastrado de juicio a juicio, a media noche, sin cargos reales y sin testigos verdaderos. El mundo condenó al único inocente que ha vivido.  Ese Jesús es también mi Jesús. Así que cuando me enfrento a retos, yo recuerdo a ese Jesús y sigo adelante. Jesús enfrentó al dolor en el Camino a la Resurrección, y yo enfrentaré dolor en el camino a mi propósito. Pero al igual que Jesús, nunca me daré por vencido. Porque me has dado la gracia para seguir adelante. Declaro esto por fe. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

 

¡Esta es la Palabra de Hoy! Ponla por Obra y Mejora.