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  • April 29, 2014
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De la Religión a la Relación

Esta mañana continuaremos con nuestra serie, “La Gracia que es Simplemente Maravillosa” al proseguir dentro de nuestra miniserie, “El Propósito de la Cruz.” Ayer estudiamos cómo Jesús nos libró de la esclavitud de la Ley del poder del temor. Esta mañana seguiremos transitando en esa dirección.

Si alguien conocía bien la Ley de Moisés, ese era Pablo. Pablo fue criado como Fariseo de Fariseos. Pablo estudió la Ley bajo la tutela de Gamaliel, uno de los grandes maestros de la Ley en su tiempo. Pablo era un estudioso de la Ley, así que es maravilloso ver cuánto él atesoró nuestro rescate de la Ley a través de la obra consumada de Jesús en la cruz del Calvario. Leamos algo de lo que Pablo dijo en relación a vivir bajo la Ley en comparación a vivir siendo guiado por el Espíritu Santo.

(Gálatas 4:1-7 NTV) Piénsenlo de la siguiente manera: si un padre muere y deja una herencia a sus hijos pequeños, esos niños no están en mejor situación que los esclavos hasta que se hagan mayores de edad, aunque son los verdaderos dueños de todas las posesiones de su padre. Tienen que obedecer a sus tutores hasta que cumplan la edad establecida por su padre. Eso mismo sucedía con nosotros antes de que viniera Cristo. Éramos como niños; éramos esclavos de los principios espirituales básicos de este mundo. Sin embargo, cuando se cumplió el tiempo establecido, Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer y sujeto a la ley. Dios lo envió para que comprara la libertad de los que éramos esclavos de la ley, a fin de poder adoptarnos como sus propios hijos; y debido a que somos sus hijos, Dios envió al Espíritu de su Hijo a nuestro corazón, el cual nos impulsa a exclamar “Abba, Padre.” Ahora ya no eres un esclavo sino un hijo de Dios, y como eres su hijo, Dios te ha hecho su heredero.

(Gálatas 5:16 NTV) Por eso les digo: dejen que el Espíritu Santo los guíe en la vida. Entonces no se dejarán llevar por los impulsos de la naturaleza pecaminosa.

(Romanos 8:14 NTV) Pues todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios.

¿Qué es lo que esto significa para usted hoy? Dos cosas.

1. Jesús nos llevó de la religión a la relación. Cada religión tiene reglas y mandatos. Sin embargo, a lo que Jesús nos da acceso (comúnmente llamado Cristiandad), es más una relación que una religión. Usted puede argumentar que los Israelitas tenían “religión” bajo la Ley de Moisés, cuando seguían un estricto número de reglas y mandamientos. Para el individuo, su Dios parecía distante y un tanto inalcanzable. Lo que Jesús nos dejó dista mucho de eso. Ahora nosotros podemos tener una relación cálida, íntima y personal con el Padre, mediante el acceso provisto por el Hijo, y la conexión directa que tenemos con Él a través del Espíritu Santo.

2. Jesús nos llevó de ser siervos a hijos. Bajo la Ley los seguidores de Jehová lo veían a Él como Dios y ellos se veían a sí mismos como siervos. Sin embargo, la Sangre de Jesús nos llevó de ser siervos a hijos. Usted no es un esclavo, usted no es un siervo, usted es un hijo del Dios Altísimo. Y Él no es un Dios distante, el cual no puede ser alcanzado, y quien no le oye cuando llora. ¡NO! Él es un Padre celestial amoroso y cariñoso, que le ama con un amor perpetuo, y que quiere que usted le llame Papito :-). Pablo dijo “Ahora ya no eres un esclavo sino un hijo de Dios, y como eres su hijo, Dios te ha hecho su heredero” (Gálatas 4:7).

Declaración de Fe: Padre, te doy las gracias por enseñarme acerca del Propósito de la Cruz. Lo que Jesús hizo por mí es maravilloso. No solamente Jesús murió en mi lugar, cargando con mi deuda, y pagando por mi pecado; sino que Jesús también me redimió de la maldición y de la naturaleza cruel de la Ley. Gracias a Jesús, yo no tengo que vivir mi vida siguiendo un frío grupo de reglas externas, no te tengo a Tí como un Dios inalcanzable y distante, y no tengo que verme como un esclavo o siervo. ¡No! La Sangre del Señor Jesús me une a Tí. Yo no soy un esclavo. Yo no soy un siervo. Yo soy un hijo. Soy un hijo del Dios Altísimo. Aunque Tú eres Dios y te sientas sobre el círculo de la tierra, cuando vengo a Tí no me dirijo a Tí como Dios. Yo te llamo como mi Padre. Cuando estoy adorando, yo te adoro como Dios y caigo con mi rostro al piso. Pero cuando oro, vengo a Tí como mi Padre, mi Papito y siento la calidez de Tu amor. Yo puedo venir directamente a Tí, como un hijo, gracias al acceso que me ha dado Jesús mi Señor. Y también tengo una conexión directa contigo, a través del Espíritu Santo, quien vive en mí. Me he graduado de la religión a la relación y ahora vivo cada día con una confianza tenaz, porque yo sé que Tú me amas, que trazaste planes para mí desde antes de la fundación del mundo por Tu gracia, y Tú también me has dado la gracia para cumplir con esos planes. Yo declaro que lo haré. Yo completaré mi misión divina antes que muera y lo haré por Tu inmerecida gracia. Yo declaro esto por fe. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

¡Esta es la Palabra de Hoy! Póngala por Obra y Mejore.