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  • January 03, 2014
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El Nuevo Hombre, en el Viejo Cuerpo, necesita una Mente Nueva

(Lea Rómanos 7:14-25)

Esta mañana continuamos con nuestra serie “La Gracia que es Simplemente Maravillosa.” En nuestro mensaje anterior aprendimos cómo Dios proveyó una Ley perfecta a gente imperfecta para ayudarnos a darnos cuenta lo imperfectos que somos y cuánto necesitamos de un Salvador. Sin ese Salvador, Jesús el Cristo, nosotros estaríamos perdidos. Y aún despues de haber Nacido de Nuevo, necesitamos la ayuda de Dios para transformar nuestra mente (la forma en la que pensamos), emociones (la forma en la que sentimos), y voluntad (la forma en la que tomamos decisiones) y estar alineados con la voluntad de Dios. El siguiente pasaje resalta el conflicto que muchos creyentes tienen con el pecado:

Por lo tanto, el problema no es con la ley, porque la ley es buena y espiritual. El problema está en mí, porque soy demasiado humano, un esclavo del pecado. Realmente no me entiendo a mí mismo, porque quiero hacer lo que es correcto pero no lo hago. En cambio, hago lo que odio. Pero si yo sé que lo que hago está mal, eso demuestra que estoy de acuerdo con que la ley es buena.  Entonces no soy yo el que hace lo que está mal, sino el pecado que vive en mí.

Yo sé que en mí, es decir, en mi naturaleza pecaminosano existe nada bueno. Quiero hacer lo que es correcto, pero no puedo.  Quiero hacer lo que es bueno, pero no lo hago. No quiero hacer lo que está mal, pero igual lo hago. Ahora, si hago lo que no quiero hacer, realmente no soy yo el que hace lo que está mal, sino el pecado que vive en mí.

He descubierto el siguiente principio de vida: que cuando quiero hacer lo que es correcto, no puedo evitar hacer lo que está mal. Amo la ley de Dios con todo mi corazón, pero hay otro poder dentro de mí que está en guerra con mi mente. Ese poder me esclaviza al pecado que todavía está dentro de mí.  ¡Soy un pobre desgraciado! ¿Quién me libertará de esta vida dominada por el pecado y la muerte?  ¡Gracias a Dios! La respuesta está en Jesucristo nuestro Señor. Así que ya ven: en mi mente de verdad quiero obedecer la ley de Dios, pero a causa de mi naturaleza pecaminosa, soy esclavo del pecado.”

¿Qué es lo que significa esto para usted hoy? Hoy solo veremos dos cosas:

1.  Usted puede ser Nacido de Nuevo y aún ser carnal. Una vez que usted ha Nacido de Nuevo lo sobrenatural debería serle natural. Usted ya no es naturalmente como era antes. Su naturaleza cambió en el instante en el que Nació de Nuevo, pero aunque eso sucedió en un instante, el proceso de aprendizaje de cómo vivir una vida acorde a lo que Dios ya lo cambió, es un proceso. Así que en cualquier área de su vida en donde no esté alineado con la voluntad de Dios, en esa área, usted no es natural (porque se supone que naturalmente sea sobrenatural); en esa área usted es carnal. La palabra carnal hace referencia a la carne y significa aquello que usted hace que está más acorde a la forma como vivía antes de venir a Él y no como debería vivir cuando ya está en Cristo. Los Cristianos carnales siguen siendo Cristianos (gracias a Dios por Su Gracia), pero ellos no viven como los hombres y mujeres que Dios quiere que sean, porque están más influenciados por sus vieja forma de ser que por su nueva vida.

2.  El Señor Jesús se encargó del poder del pecado en la cruz, pero la influencia del pecado debe ser enfrentada cuando usted voluntariamente haga morir el yo y renueve su mente. Cuando usted ha Nacido de Nuevo su espíritu es renovado y es completamente perfecto. Sin embargo, hay tres partes en usted. Usted es espíritu, tiene un alma y vive en un cuerpo. Su espíritu es nuevo, pero su alma y su mente no. Usted tendrá un cuerpo nuevo algún día y usted ya ha recibido un espíritu renovado. Su espíritu FUE cambiado instantaneamente, su alma NECESITA SER cambiada progresivamente, y su cuerpo SERÁ cambiado eventualmente. Por lo tanto, su enfoque cada día debe ser el renovar su alma, la cual está compuesta de su mente (aquello con lo que piensa), sus emociones (aquello con lo que siente), y su voluntad (aquello con lo que decide). Aunque Jesús ya destruyó el poder del pecado sobre nuestras vidas, el renovar su mente es la única forma de acabar con la influencia del pecado para poder vivir la vida que Dios quiere que viva.

Declaración de Fe: Padre, te doy las gracias por enseñarme más y más acerca de Tu maravillosa, sólida e inmerecida Gracia. Solo por Tu Gracia no he sido consumido. Tú me amaste, aun antes de que yo hiciera algo para agradarte. Tú enviaste a Tu Hijo para morir en lugar mío, aun antes que yo levantara un dedo hacia Tí para alabarte. Tu me salvaste por Tu inmerecida Gracia. Y aún después de ser salvo, yo he hecho muchas cosas que no son buenas a Tu vista. Jesús destruyó el poder del pecado sobre mí, pero la influencia del pecado es algo con lo que debo lidiar todavía. Cuando Nací de Nuevo mi espíritu fue hecho nuevo, y Tu Espíritu dio testimonio a mi espíritu que soy un hijo del Dios Altísimo, pero mi mente no fue hecha nueva. Fui salvado, pero aún he tenido deseos, pensamientos y actos pecaminosos. Mi nuevo hombre, en mi viejo cuerpo, necesitaba una mente nueva. Yo voluntariamente me sometí al proceso de renovar mi mente; y lo sigo haciendo diariamente. Cada día cargo mi cruz, hago morir el yo, y te sigo a Tí. Esta es la única forma en la que puedo hacer morir mis viejos hábitos, y la única forma en la que puedo vivir libre de la influencia del pecado. Soy Nacido de Nuevo, pero no quiero ser un Cristiano carnal. Por fe declaro que llegaré al punto en el que mi mente (la forma en la que pienso), mis emociones (la forma como me siento acerca de las cosas), y mi voluntad (la forma en la que tomo decisiones) estarán alineadas con Tu Palabra. ¡En ese momento el pecado no tendrá poder O influencia sobre mí! Yo declaro esto por fe. En el nombre del Señor Jesús. Amén.

¡Esta es la Palabra Para Hoy! Póngala por Obra y Mejore.