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  • October 03, 2013
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El Pacto de Abraham de La Gracia (Parte 3)

(Lea Romanos 4: 16-21)

Esta mañana continuaremos con nuestra serie “La Gracia que es Simplemente Maravillosa” examinando La ley dada a Moisés en contraste con la Gracia provista por El Señor Jesucristo. Durante los últimos dos días hemos visto qué fue lo que justificó a Abraham. Obviamente no fue su obediencia a la Ley porque ésta vendría 430 años después. Y Dios, con toda seguridad, no bendijo a Abraham porque él hacía todo correctamente, ya que sus equivocaciones están bien documentadas. Para ponerlo de manera simple, Dios quiso bendedir a Abraham por Su Gracia y Abraham tuvo fe y creyó a Dios. Nosotros podemos hacer lo mismo.
Continuemos examinando el capítulo 4 de Romanos. Pablo dijo, “Así que la promesa se recibe por medio de la fe. Es un regalo inmerecido.” Mire como las promesas de Dios son dadas por Gracia (un regalo inmerecido) y deben ser obtenidas por medio de la fe. Pablo continúa diciendo, “Y, vivamos o no de acuerdo con la ley de Moisés, todos estamos seguros de recibir esta promesa si tenemos una fe como la de Abraham, quien es el padre de todos los que creen” (Romanos 4:16). Usted y yo no estamos bajo la Ley, mas si tenemos fe, como Abraham la tuvo, podremos ser recompensados como él lo fue.

 

Pablo prosigue y explica cómo Abraham creyó a Dios en lo concerniente a Isaac. El Señor le había dicho “Te hice padre de muchas naciones,” (v17) pero ya habían pasado 24 años desde que Abraham había empezado a andar por fe y aun no había tenido hijo alguno con Sarah. Pablo dice, “Abraham creyó en el Dios que da vida a los muertos y crea cosas nuevas de la nada. Aun cuando no había motivos para tener esperanza, Abraham siguió teniendo esperanza porque había creído en que llegaría a ser el padre de muchas naciones” (vv18) Abraham había recibido una promesa de Dios y continuó creyendo que Dios cumpliría Su Palabra, aun y cuando humanamente no tenía esperanza alguna. Pablo añade, “ Y la fe de Abraham no se debilitó a pesar de que él reconocía que, por tener unos cien años de edad, su cuerpo ya estaba muy anciano para tener hijos, igual que el vientre de Sara. Abraham siempre creyó la promesa de Dios sin vacilar. De hecho, su fe se fortaleció aún más y así le dio gloria a Dios. Abraham estaba plenamente convencido de que Dios es poderoso para cumplir todo lo que promete” (vv19-21).

 

¿Qué significa esto para usted hoy? Aquí tiene algunas joyas:

1. Las promesas de Dios son dadas por Gracia (un regalo inmerecido) y deben ser alcanzadas por fe.

2. Servimos a un Dios quien puede dar vida aun en situaciones que parecen muertas. Nunca es demasiado tarde para Dios y no hay nada difícil para Él.

3. Cuando usted recibe una promesa de Dios, usted debe creer que Dios cumplirá esa promesa y debe continuar creyéndolo, aun cuando toda la evidencia natural le diga que se de por vencido, y aun cuando toda la esperanza humana se haya agotado.

 

4. Abraham se negó a dejar de creer. Su cuerpo (de la cintura para abajo) no estaba funcionando, y en ese entonces no existía Viagra. No solo eso, sino que además Sarah tenía ya 90 años y ella no había podido tener hijos antes. ¡El sistema reproductivo de Abraham no funcionaba ya y el de Sarah nunca lo había hecho, pero Abraham le creyó a Dios de todas formas!

5. Abraham no dudó jamás en la promesa de Dios mostrándose incrédulo, ya que él se rehusó a considerar su cuerpo como muerto. Si usted decide prestar oído a todo lo que el mundo le diga acerca de su situación, usted se debilitará y tambaleará, y probablemente su fe decaerá. Pero si usted está determinado a no dudar, su fe no se tambaleará.

6. Cuando usted esté plenamente convencido que Dios hará lo que Él dijo que haría en su vida, ya no actuará como resultado de aquello que usted puede ver, sino que actuará como resultado de aquello en lo que usted cree!

 

Declaración de Fe. Padre, te doy gracias por Abraham y el ejemplo que veo en él. Tú lo bendijiste porque quisiste hacerlo y porque Tú lo planeaste antes de la creación del mundo. Y cuando le dijiste a Abraham lo que planeabas hacer en su vida, el tuvo el valor para creerlo. Abraham creyó en Dios y le fue contado por justicia. Yél continuó creyendo, aun cuando humanamente no había esperanza. Al igual que Abraham, yo soy una persona que cree y no una que duda. Yo creo en mi Dios. Señor, déjame saber lo que quieres hacer en mi vida por Tu Gracia y yo tendré la fe para creerlo, aceptarlo y buscarlo. Por fe me acerco a Ti y busco Tu proposito para mi. Estoy plenamente convencido que Tú harás lo que has prometido hacer en mi vida. De hecho, yo creo que esto ya ha sido determinado en los cielos y que es cuestión de tiempo solamente para que sea manifiesto aquí en la tierra. Seguiré creyendo sin importar las circunstancias que me rodeen. Cuando las cosas se ponen feas y parezca que nada de esto sucederá, en vez de darme por vencido, yo me alegro porque sé será de gran testimonio cuando estas cosas sucedan. Me niego a prestar oído a las dudas que el mundo quiere que escuche. ¡En lugar de vacilar ante las promesas de Dios para mi, yo permanezco firme en la fe, creyendo en mi Dios, confiando en Él todo el tiempo, sabiendo que lo que Tú has prometido, Señor, sucederá en la tierra, porque ya ha sido hecho en los cielos! Declaro esto por fe. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

 

¡Esta es la Palabra de Hoy! Póngala por Obra y Mejore.