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  • October 10, 2013
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El Propósito de La Ley

(Lea Gálatas 3:15-20)

Esta mañana proseguiremos nuestra serie “Gracia que es Simplemente Maravillosa” al examinar la Ley dada a Moisés en comparación con La Gracia provista por El Señor Jesucristo. Ayer resalté el hecho de que La Ley y La Gracia son muy diferentes. Después de haber estudiado este tema por un buen tiempo, es absolutamente claro para mí que la Ley fue dada por un periodo en particular y que ésta cumplió su propósito. De hecho Pablo trata este tema en el pasaje que estudiaremos hoy. Vamos a verlo.

Pablo dijo,  “Hermanos, voy a ponerles un ejemplo: aun en el caso de un pacto humano, nadie puede anularlo ni añadirle nada una vez que ha sido ratificado. Ahora bien, las promesas se le hicieron a Abraham y a su descendencia. La Escritura no dice: «y a los descendientes», como refiriéndose a muchos, sino: «y a tu descendencia», dando a entender uno solo, que es Cristo.  Lo que quiero decir es esto: La ley, que vino cuatrocientos treinta años después, no anula el pacto que Dios había ratificado previamente; de haber sido así, quedaría sin efecto la promesa. Si la herencia se basa en la ley, ya no se basa en la promesa; pero Dios se la concedió gratuitamente a Abraham mediante una promesa” (15-18).  Hay mucho en este pasaje y voy a entresacar algunas joyas en los puntos más adelante. Por ahora sigamos adelante.

Pablo entonces hace una pregunta muy importante, “Entonces ¿Para qué se entregó la Ley?.” Esta es, como dicen, la pregunta del millón. Pablo prosigue y nos da la respuesta, “Fue añadida a la promesa para mostrarle a la gente sus pecados.” De manera simple y sencilla Pablo menciona el propósito de la Ley. Él continúa, “pero la intención era que la ley durara sólo hasta la llegada del Hijo prometido” (v19). ¡Yese Hijo es el Señor Jesús!

¿Así que qué significa esto para usted hoy? Vamos a entresacar algunas joyas:

1.  La promesa hecha a Abraham fue para él y su “simiente” o “hijo”. Pablo nos dice que esa “simiente” o “hijo” era de hecho El Señor Jesús. Esto aplica a Abraham y a toda su descendencia sanguinea, y a Jesucristo y todos quienes estamos unidos a Él por la fe. Tanto los  Judíos como los Gentiles son hijos de Abraham y herederos de la promesa.

2.   La Ley, dada 430 años después de Abraham, no podía cancelar el pacto (contrato) que Dios hizo con Abraham. Abraham ya había muerto, así que Dios no podía cambiar este contrato. El propósito de la Ley, la cual vino después y estaba basada en obras, no podía afectar la promesa hecha a Abraham, la cual estaba basada en la fe.

3.  La Biblia dice que la Ley fue entregada para “mostrarle a la gente sus pecados” (Gálatas 3:19).

4.   La Ley no fue hecha para justificarnos para con Dios. Fue diseñada para mostrarnos lo mal que estamos y que necesitamos un Salvador.

5.   Usted nunca va a darse cuenta que necesita ser salvo hasta que no reconozca que está perdido. La Ley fue diseñada para mostrarnos lo perdidos que estamos sin Dios.

6.   La Ley tenía fecha de caducidad. La Biblia dice, “pero la intención era que la ley durara sólo hasta la llegada del Hijo prometido” (Gálatas 3:19). ¡Ese Hijo es el Señor Jesús!

7.  La Biblia llama al Antiguo Pacto (la Ley de Moisés) obsoleto y anticuado. El escritor de Hebreos dice, “Cuando Dios habla de un «nuevo» pacto, quiere decir que ha hecho obsoleto al primero, el cual ha caducado y pronto desaparecerá” (Hebreos 8:13).

Declaración de Fe: Padre, te doy gracias por tomarte el tiempo de enseñarme acerca de Tu Gracia maravillosa. Ahora entiendo el propósito de la Ley. La Ley fue entregada 430 años después que hicieras un pacto con Abraham, así que la Ley no podía cambiar ese convenio que hiciste con él. Ese fue un pacto de fe y no de obras. Y hoy, al igual que Abraham, yo soy justificado por fe y no por obras. La Ley de Moisés fue diseñada para confronter al hombre consigo mismo, mostrarle sus pecados, y que se diera cuenta de su necesidad de un Salvador. Muy bien, misión cumplida. La ley me pudo mostrar lo mal que estaba. Había quebrantado Tu Ley más veces de las que quisiera reconocer y me fue muy claro que necesitaba un Salvador. El Salvador vino, Su nombre es Jesús, y he aceptado a Tu Hijo Jesús como mi Señor. La Ley de Moisés cumplió su propósito, ha caducado, y ahora vivo bajo el Nuevo Pacto de la Gracia. Yo te sirvo porque te amo, no porque tenga miedo de ir al infierno. Y Tú me bendices a mí porque Tú me amas y no porque yo lo merezca. Gracias Padre por ser tan bueno conmigo: mucho más de lo que merezco. ¡Empiezo este día agradecido, valorando Tu Gracia y resuelto a seguir mi propósito! ¡No porque yo sea bueno, sino porque Tú eres tan bueno! Yo declaro esto por fe. En el Nombre de Jesucristo. Amén.

¡Esta es La Palabra Para Hoy! Póngala por Obra y Mejore.