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Jesús, Amigo de los Pecadores

(Lee Mateo 8:28 – 9:13)

 

Esta mañana continuamos nuestra serie, “La gracia que es simplemente increíble”, continuando nuestro mini-serie titulada, “El éxito basado Grace (Prosperidad)”. En nuestro mensaje anterior vimos cómo Jesús maravilló y sorprendió a los discípulos cuando le ordernó a una tormenta que se detuviera. El viento y las olas obedecieron Sus palabras. Habiendo terminado la tormenta, el equipo continuó al otro lado del lago. Una vez que llegaron rápidamente se hizo evidente por qué estaban allí. Jesús se dirigió a un hombre que estaba poseído por una legión de (más de 6,000) demonios. Habiendo liberado al hombre, Jesús dirigió el equipo de nuevo a la barca y regresaron al otro lado del lago.

 

Me puedo imaginar lo emocionante que esto debe haber sido para Simón Pedro. Él pasó de la tranquilidad y paz de la pesca a convertirse en parte de un equipo en movimiento, que expulsaba demonios, calmaba tormentas, sanaba enfermedades y en donde el amor era personificado.

 

Cuando llegaron al otro lado, Jesús se encontró con un hombre paralítico acostado en una colchoneta. Jesús le ministró y le perdonó sus pecados. La declaración del perdón de los pecados enfureció a los líderes religiosos presentes. Así que Jesús, en un intento de mostrar Su poder sobre el pecado, sanó al hombre de su parálisis. Jesús ordenó al hombre que se levantara y así lo hizo. Él tomó su colchoneta y se alejó. Esto calló la boca de los escribas.

 

Poco tiempo después Jesús vio a un hombre llamado Mateo, sentado en el lugar donde se recogían los impuestos. Jesús le hizo a Mateo “la oferta”, diciéndole: “Sígueme”. Mateo aceptó la invitación de Jesús y sus días como recolector de impuestos llegaron a su fin. Esa noche Jesús cenó en casa de Mateo. Compañeros de Mateo que recolectaban impuestos y otros con mala reputación llegaron a la cena. Los Fariseos llegaron a la casa de Mateo y vieron a Jesús comiendo con estas personas. Ellos les preguntaron a Sus seguidores: “¿Por qué come vuestro Maestro con los publicanos y pecadores?” Jesús escuchó la pregunta y decidió contestarla Él mismo. Jesús dijo: “No son los sanos los que necesitan de un médico, sino los enfermos. Vayan y aprendan lo que significa “Misericordia quiero, y no sacrificio”. Porque no he venido a llamar a los justos al arrepentimiento, sino a los pecadores.” Con eso los Fariseos se callaron y me imagino lo que esto provocó en Pedro. Simón Pedro sabía lo que era sentirse como un pecador en la presencia de Jesús, y Él también sabía lo que era sentir el amor y la compasión de Jesús, a pesar de su pecado.

¿Qué es lo que esto significa para ti hoy?

 

1.  Los Fariseos, Saduceos y Escribas se presentaban a sí mismos como santos. Ellos despreciaban a los pecadores. Con esa actitud nunca hubieran alcanzado a un pescador pecaminoso como Simón. Si imitas la actitud de ellos nunca vas a alcanzar a nadie.

 

2.  Jesús no alcanzó a Simón el pescador menospreciándolo. No, cuando Jesús vio a Simón el pescador vio más allá de su pecado y vio su destino. Jesús vio el potencial dado por Dios a Simón. Jesús pudo haber mirado a Simón el pescador, pero lo que vio fue a Pedro el Apóstol. ¿Y sabes qué? Lo mismo puede decirse cuando Jesús te mira a ti.

 

3.  El mensaje de los Fariseos y Saduceos era: “Nosotros estamos bien y tú estás equivocado.” El mensaje de la gracia es: “Ninguno de nosotros está bien. Todos estamos mal. Todos somos pecadores necesitados de salvación y nunca podríamos ser lo suficientemente buenos por nuestra cuenta”.

 

4.  Jesús alcanzó a Simón el pescador con el mensaje de la gracia y fue la gracia lo que lo facultó para convertirse en el Apóstol Pedro.

 

5.  Los Fariseos y los Saduceos se rodeaban de personas pretenciosas que se sentían muy santas y piadosas. Jesús se rodeó de los pecadores. Piensa en tu vida por un momento. ¿Con cuál de los dos grupos te identificas más: con los Fariseos o con Jesús?

 

6.  No permita que el orgullo te haga menospreciar a nadie. Tú no eres mejor que ninguna otra persona en el planeta. Tú no serías nada sin la gracia de Dios. Si recuerdas eso, tú serás capaz de compartir el amor de Dios con el mundo y, como Jesús, te convertirás en un amigo de los pecadores.

 

Declaración de Fe: Padre, te doy las gracias por enseñarme acerca de Tu maravillosa e inmerecida gracia. Fue la gracia la que cambió a Simón el pescador en el Apóstol Pedro. Fue la gracia la que cambió a Saulo de Tarso en el Apóstol Pablo. Fue la gracia la que me cambió cuando yo era un simple pecador contumaz. Fue Tu bondad la que me atrajo, Tu amor me cautivó, y Tu gracia me cambió. Entonces, ¿cómo podría yo menospreciar a otra persona? ¿Cómo podría yo permitir que el orgullo me hiciera sentir superior o mejor a alguien? Yo me conozco, así como Tú me conoces, así que no puedo hacer otra cosa que bendecirte por salvarme, llamarme, bendecirme y ahora usarme por Tu gracia. Tú veniste a mí cuando yo era un pecador. Ahora me doy a mí mismo a Ti, para ser utilizado por Ti para llegar a los pecadores a través de mí. Tú eres un amigo de los pecadores. ¡Por lo tanto, yo también! Tu amor, Tu luz y Tu gracia fluirán a través de mí, a los pecadores, para que sus vidas pueden ser cambiadas al igual que la mía lo fue. Declaro esto por fe. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.
¡Esta es la Palabra de Hoy! Ponla por Obra y Mejora.