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  • April 30, 2014
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Jesús lo Hizo Un Hijo de Dios

Esta mañana continuaremos con nuestra serie, “La Gracia que es Simplemente Maravillosa” al proseguir dentro de nuestra miniserie, “El Propósito de la Cruz.” Ayer vimos cómo Jesús nos lleó de la religión a una relación con el Padre; de ser esclavos/siervos a ser hijos. Esta mañana seguiremos en la misma dirección. Ya vimos este pasaje, pero me siento dirigido a regresar a él para examinarlo más detenidamente.

(Gálatas 4:1-7 NTV)

Piénsenlo de la siguiente manera: si un padre muere y deja una herencia a sus hijos pequeños, esos niños no están en mejor situación que los esclavos hasta que se hagan mayores de edad, aunque son los verdaderos dueños de todas las posesiones de su padre. Tienen que obedecer a sus tutores hasta que cumplan la edad establecida por su padre. Eso mismo sucedía con nosotros antes de que viniera Cristo. Éramos como niños; éramos esclavos de los principios espirituales básicos de este mundo. Sin embargo, cuando se cumplió el tiempo establecido, Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer y sujeto a la ley. Dios lo envió para que comprara la libertad de los que éramos esclavos de la ley, a fin de poder adoptarnos como sus propios hijos; y debido a que somos sus hijos, Dios envió al Espíritu de su Hijo a nuestro corazón, el cual nos impulsa a exclamar “Abba, Padre.” Ahora ya no eres un esclavo sino un hijo de Dios, y como eres su hijo, Dios te ha hecho su heredero.

¿Qué es lo que esto significa para usted hoy? Aquí tiene algunos puntos.

1. La Ley fue temporal. Pablo estaba bien instruído acerca de la Ley. Él era básicamente un estudioso de ella. El encuentro con Jesús y la revelación que recibió del Espíritu Santo le ayudaron a elaborar el hecho de que la Ley fue dada por un tiempo y un propósito en particular. La Ley guardó a los seguidores de Dios mientras ellos fueron, lo que Pablo equipara con “hijos pequeños.” Pablo dice, “ Pero cuando se cumplió el tiempo establecido, Dios envió a su Hijo.” Jesús vino a cumplir la Ley. Usted y yo ya no somos más los hijos pequeños a los cuales asemeja Pablo a quienes aun estaban bajo la Ley. Tenemos acceso al Espíritu Santo y cuando somos guiados por el Espíritu, la Biblia nos llama hijos maduros.

2. Jesús compró nuestra libertad de la Ley. Pablo dijo, “cuando se cumplió el tiempo establecido, Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer y sujeto a la ley. Dios lo envió para que comprara la libertad de los que éramos esclavos de la ley.” Si Jesús tuvo que pagar para librarnos de la Ley, entonces es claro que estar bajo la Ley era esclavitud. La Ley no era lo mejor que Dios tenía. Dios nos dio acceso a lo mejor que Él tiene cuando nos dio Su Espíritu, que ahora vive en nosotros. Sin embargo, el acceso al Espíritu Santo costó muy caro. ¿Cuál precio se preguntará? Fue la Sangre de Jesús.

3. Dios nos sacó de estar bajo la Ley para poder hacernos Sus hijos. Tratando el tema de la muerte del Señor Jesús, Pablo dijo, “Dios lo envió para que comprara la libertad de los que éramos esclavos de la ley, a fin de poder adoptarnos como sus propios hijos; y debido a que somos sus hijos, Dios envió al Espíritu de su Hijo a nuestro corazón, el cual nos impulsa a exclamar “Abba, Padre.” Ahora ya no eres un esclavo sino un hijo de Dios,” Jesús murió para proporcionarle una relación íntima y personal con el Padre. Esta relación no fue pensada como una relación entre esclavo y Amo, o entre siervo y Señor. No, Jesús murió para otorgarle una relación con Su Padre. Usted puede venir ahora con Dios, el Dios del universo, como su amoroso y cariñoso Padre celestial. ¡Háblele esta mañana y dígale Papito!

4. Como hijos tenemos acceso a una herencia divina. Pablo dijo, “Ahora ya no eres un esclavo sino un hijo de Dios, y como eres su hijo, Dios te ha hecho su heredero.” La Biblia está abarrotada de promesas hechas por el Padre a Sus hijos. Antes de la muerte del Señor Jesús los únicos humanos en el planeta con un pacto con Jehová eran los descendientes de Abraham. Gracias a la muerte, sepultura y resurrección de Jesús, cada humano en el planeta tiene acceso a la vida eterna por medio del Hijo de Dios y cada persona que responde al Evangelio, y es Nacida de Nuevo, se vuelve un coheredero con Jesucristo de una multitud de promesas preciosas. Reclame su herencia. ¡Usted es un hijo del Dios Altísimo!

Declaración de Fe: Padre, te doy las gracias por enseñarme acerca del Propósito de la Cruz. Lo que Jesús hizo por mí es maravilloso. No solamente Jesús murió en mi lugar, cargando con mi deuda, y pagando por mi pecado; sino que además Jesús me redimió de la maldición y la crueldad de la Ley. Gracias a Jesús, no tengo que vivir mi vida siguiendo un conjunto de reglas externas, sino que puedo vivir siendo guiado por Tu Espíritu, de adentro hacia afuera, cada día. Yo no soy un bebé, que puede llegar a recibir una gran herencia, pero que no sabe nada al respecto. No soy como un niño pequeño que tiene que ser mandado y protegido por un conjunto de reglas. Soy un hijo mduro del Dios Altísimo. Estoy cubierto por la Sangre de Tu Hijo, estoy lleno de Tu Espíritu, y soy un heredero de grandes y preciosas promesas. Yo se que Tú aun eres Dios, y yo te adoro como Dios. Te alabo por lo que eres y haz hecho, y te adoro por quien eres. Pero cuando estoy orando, yo no me dirijo a Tí como un Dios lejano. Yo vengo a Tí como mi Padre. Yo soy Tu Hijo, Tú eres mi Padre, y Jesús murió para conectarme directamente contigo. Yo honro la muerte de Jesús rindiendo mi vida. Yo nunca podría merecer o ganar lo que Jesús hizo por mí. Jesús murió en mi lugar por gracia. Todo lo que puedo hacer ahora es vivir mi vida, con la confianza de un hijo, con acceso a Ti como mi Padre, decidido a hacer todo a lo que Tú me dirijas, por Tu inmerecida gracia. Yo declaro que lo haré y lo declaro por fe. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

¡Esta es la Palabra de Hoy! Póngala por Obra y Mejore.