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La Hija de la Mujer Sirofenicia (2da Parte)

Lee Mateo 15:21-28

 

Esta mañana continuamos nuestra nueva serie titulada, “El Año de la Manifestación Sobrenatural“, con nuestra mini-serie sobre “Los Milagros de Jesús.” Ayer te presenté a la mujer Sirofenicia y a su hija. La niña estaba poseída por demonios y éstos la estaban atormentando gravemente. La madre de la niña oyó hablar de Jesús, el milagroso Judío. Ella vino a Jesús, creyendo que Dios haría algo excepcional por su hija.

 

Cuando la mujer se dirigió a Jesús, tanto Él como Sus discípulos la ignoraron. Jesús estaba enfocado en Su misión; Él fue enviado para ministrar a los hijos de Israel. Los discípulos de Jesús querían que Él le dijera a la mujer que los dejara en paz. Cuando Jesús finalmente se dirigió a ella, le dijo: “No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel.” Pero esta mujer no se detuvo. Ella se inclinó ante Jesús. Ella se postró a Sus pies a adorarle. En su posición de adoración le dijo: “¡Señor, socórreme!” Jesús le respondió de nuevo y le dijo “No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos.

 

Los Judíos comúnmente se referían a los Gentiles como perros, pero sin importar cuán común fuera, esto podría ser claramente insultante. Aunque no puedo afirmar que entiendo totalmente la cultura de la época, me resulta difícil creer que alguien podría escuchar esas palabras y no sentirse ofendido. Si fuera hoy, ¡fácilmente me puedo imaginar a una mujer preguntando, “¿me acaba de llamar un perro?”  y en seguida algunas palabras altisonantes! Pero notablemente, esta mujer no hizo nada. Estaba tan concentrada en conseguir la ayuda para su hija que no podía permitirse el lujo de sentirse ofendida. Su asombrosa respuesta fue: “Sí, Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos.” En otras palabras, ella dijo: “Señor Jesús, entiendo que Tu ministerio está enfocado en los Judíos. Entiendo que has venido con un propósito. Entiendo que la mayoría de Tu unción es para los Judíos. Pero también entiendo que sólo estoy pidiendo una pizca. Reconozco que si me das una onza de la bendición que estás ofreciendo a los Judíos, mi hija será liberada.” De una forma similar al Centurión, Jesús se conmovió por la fe de la mujer. Él dijo: “¡Mujer, tienes mucha fe! ¡Lo que quieres se te ha concedido!” Y así, su hija fue liberada. Jesús ni siquiera tuvo que ir a su casa. Al igual que con el Centurión Romano, esta mujer tenía la fe para tomar a Jesús en Su palabra. Se alejó sabiendo que su hija había sido liberada. Ella no necesitaba VER para CREER. Ella lo sabía porque ella ya había CREÍDO, iba a ver a su hija libre cuando llegara a casa. Esta es una de las dos únicas historias de “gran fe“, y ambas implican a personas que no eran Judías.

 

¿Qué significa esto para ti hoy? Aquí tienes algunos puntos:

 

1.  Nunca subestimes el poder de la adoración.

 

a) La adoración frecuentemente te lleva a la presencia, el poder y la manifestación de Dios. Cuando Jesús inicialmente despidió a la mujer Sirofenicia, ella se negó a desanimarse. Por el contrario, ella se postró a los pies de Jesús y comenzó a adorarle. Jesús fue rápido para despedirla cuando ella estaba usando sólo palabras. ¡Pero Jesús no podía ignorar su adoración!

 

b) La adoración siempre nos lleva a la presencia de Dios y activa Su gloria sobre nuestra situación.

 

c) Si te enfrentas a un problema esta mañana en el que crees que Dios no está haciendo algo, trata de pasar algún tiempo de rodillas, adorando al Rey de Gloria.

 

d) La adoración cambia la atmósfera. La adoración crea un ambiente propicio para lo sobrenatural.

 

e) Puede que tú estés esperando que Dios haga algo, mientras que Dios está esperando que tú produzcas un ambiente (a través de la adoración) que sea propicio para que Él actúe.

 

f) La adoración desvía tu atención de tu problema y la pone en Dios. Es en esta posición que Dios puede obrar en tu vida como Él cree conveniente.

 

2.  Nunca subestimes el poder de la fe.

 

a) Jesús actuaba según Su propósito. Jesús estaba en una misión. Jesús estaba enfocado en las ovejas perdidas de Israel. La mujer Sirofenicia no era judía. Ella, por lo tanto, no era parte de la misión original de Jesús. Entonces, Jesús la ignoró y trató de despedirla. ¡Pero lo que Jesús no podía ignorar era la fe de ella!

 

b) La fe es la moneda del Reino de Dios. La fe es el medio para hacer un intercambio en el sistema de Dios. Ella activó su fe y Jesús activó el poder de Dios.

 

c) La fe de la mujer Sirofenicia interrumpió la asignación de Jesús. Ella tuvo tanta fe que Jesús se desvió de Su misión primaria para activar el poder de Dios para curar a la hija de esta mujer.

 

d) La mujer Sirofenicia tenía la fe y Jesús tenía el poder. Su fe aprovechó ese poder y llevó a Jesús a declarar la liberación de la niña. Jesús no tuvo que ir a su casa. Jesús no tuvo que poner Sus manos sobre ella. ¡Esta mujer tuvo la fe para tomar a Dios en Su Palabra y alejarse, sin vacilar, sin dudar, sabiendo que ya estaba hecho! ¡Cuando llegó a casa, su hija era LIBRE! ¿Tienes tú ese tipo de fe?

 

e) Algunas personas tienen que VER para CREER. ¡La mujer Sirofenicia CREYÓ para VER! ¿Puede Dios decir lo mismo acerca de ti?

 

Declaración de Fe:  Padre, este es un año de Gran Victoria para mí.  Este año Tu poder sobrenatural se manifestará en mi vida como nunca antes. Yo paso tiempo en la adoración. Paso tiempo a Tus pies. Paso tiempo alzando mi voz a Ti y alabando Tu Santo nombre. Mi adoración  cambia mi enfoque. Mi adoración pone toda mi atención en Ti y en Tu poder. En la adoración, el miedo, la duda y la incredulidad huyen de mí. En la adoración, el estrés, el cuidado y la preocupación se van de mí. En la adoración, creo un ambiente en el que Tú puedes hacer lo que quieras en mi vida. ¡Y en medio de mi adoración, activo mi fe! ¡Viviendo de esta manera, sé que voy a experimentar este año como nunca antes! ! Declaro esto por la fe. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

 

¡Esta es la Palabra de Hoy! Ponla por Obra y Mejora!