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La Hija de la Mujer Sirofenicia (3ra Parte)

Lee Mateo 15:21-28

 

Esta mañana continuamos nuestra nueva serie titulada, “El Año de la Manifestación Sobrenatural“, con nuestra mini-serie sobre “Los Milagros de Jesús.” Durante los últimos mensajes hemos estado viendo la historia de la mujer Sirofenicia y su hija. Esta mujer es increíble para mí. En esencia, su fe interrumpió los planes de Jesús y lo llevó a hacer algo que, de otra forma, no hubiera hecho. Permíteme explicar.

 

Cuando lees la Biblia, debes tratar de entender quién está escribiendo, a quién le escribe, y con qué propósito, para entender el contexto. Además del contexto, la cultura juega un papel importante en la comprensión de las Escrituras. Jesús era Judío. Nació Judío y pasó la mayor parte de Su vida ministrando a los Judíos. Esto no quiere decir que Jesús no vino para todas las personas, pero debemos entender el ambiente cultural de la época. Cuando Jesús le ministró al siervo del Centurión Romano, eso se salió de la norma. Cuando esta mujer Sirofenicia vino a suplicar por un prodigio, los discípulos no pensaron dos veces antes de pedirle a Jesús que la corriera. Cuando Jesús tuvo que pasar por Samaria para ministrarle a la mujer en el pozo, incluso la mujer se sorprendió. Ella le preguntó por qué Jesús (un Judío) le pedía agua (a una Samaritana), porque los Judíos no debían de tratar con los Samaritanos. Así que el clima cultural y social de la época estaba obviamente dividido, tal y como sigue siendo hoy en día. Pero aquí está mi punto: Jesús no fue llamado a ser un activista social. Él no vino a tratar con el tema de la división racial o cultural. Él vino para sacarnos del lío en el que Adán nos metió. Adán nos dejó un legado de pecado y muerte. Jesús vino a establecer un legado de justicia y vida. Jesús pagó el castigo por la transgresión de Adán y por medio de Cristo Jesús todos los hombres podemos ser salvos y recibir la vida eterna. ¿Amaba Jesús a toda la gente? ¡Por supuesto que sí! ¿Deseaba Jesús que todas las personas fueran salvas? Claro, no hay duda de ello. Pero el enfoque principal de Su ministerio no estaba centrado en divisiones raciales o culturales. El ministerio a los Gentiles no cobró fuerza verdaderamente hasta la mitad del libro de los Hechos, cuando Pablo comenzó su ministerio.

 

Comprender el contexto de la misión de Jesús y la cultura del día, hace que lo que la mujer Sirofenicia hizo sea aún más impresionante. Todo lo que Dios hace por nosotros está hecho por Su gracia, pero debemos acceder a la gracia de Dios por medio de nuestra fe. Es claro que la mujer Sirofenicia no se ganó la liberación de su hija; Esto fue hecho claramente por la gracia de Dios. Pero sin duda, esta mujer activó su fe para acceder a la gracia de Dios. Sin su excepcional nivel de fe, al que Jesús se refirió como “gran fe“, la gracia no se hubiera extendido a ella y a su hija en esta situación. Así que, en un tiempo en que Jesús iba a ministrar principalmente a los Judíos, por la gracia de Dios, esta mujer aprovechó esa gracia con su fe excepcional. Y cuando Jesús dijo algo que fácilmente podría haber sido tomado como un insulto, esta mujer tuvo la fuerza interna para resistir el impulso de sentirse ofendida, para que ella pudiera permanecer en la fe y recibir su milagro.

 

¿Qué significa esto para ti hoy? Aquí tienes algunos puntos:

 

1.  Todo lo que Dios hace por ti, lo hace por Su maravillosa gracia. Nunca podrías ganar, ni trabajar para intentar merecer, cualquier cosa que Dios haga por ti. La gracia es un regalo. No puedes trabajar por un regalo. ¡Todo lo que puedes hacer es recibirlo!

 

2.  La gracia de Dios se basa únicamente en Su bondad, no en tus obras. Pablo dijo: “Y si por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia.” (Romanos 11: 6).

 

3.  Dios no te bendice porque seas tan bueno. Él te bendice porque Él sí es tan bueno.

 

4.  Tu fe es el conducto a través del cual accedes a la gracia de Dios. Sin tu fe perderás la gracia de Dios. Esta es la razón por la cual es muy importante que no te dejes “llevar por tus sentimientos.” No puedes permitirte el lujo de ofenderte, porque una vez que te sientes ofendido, te concentrarás más en tus sentimientos que en tu fe, y Dios te requerirá que arregles tus sentimientos antes de que Él honre tu fe.

 

5.  La gran fe puede cambiar las cosas en el reino espiritual para ti. Cuando actúas con una gran fe, Dios pasará por alto las normas sociales y los límites humanos para que recibas tu gran ayuda.

 

6.  ¡Comienza cada día sabiendo que una Palabra de Dios puede revertir cualquier situación que aparentemente no tiene esperanza en un instante!

 

Declaración de Fe:  Padre, este es un año de Gran Victoria para mí.  Yo aprendo de la mujer Sirofenicia. Yo trato de actuar con determinación y fe similares. Cuando me enfrento a un reto que no puedo superar, yo sé que Tú sí puedes. No hay nada que no puedas hacer. Puedo aprovechar Tu capacidad ilimitada accediendo a Tu gracia con mi fe. Mantengo mi interruptor de la fe en la posición de “ENCENDIDO” diariamente y nunca permito que nada ni nadie me haga salir del AMOR. La fe funciona por AMOR. Si me siento ofendido o caigo fuera del AMOR de alguna manera, sé que mi fe no funcionará. Por lo tanto, ¡estoy decidido a vivir por fe diariamente, y para vivir por fe, debo vivir por AMOR! Declaro esto por la fe. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

 

¡Esta es la Palabra de Hoy! Ponla por Obra y Mejora!