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  • October 08, 2013
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La Ley Acarrea una Maldición

(Lea Gálatas 3:7-11)

Esta mañana proseguiremos nuestra serie “Gracia que es Simplemente Maravillosa” ” al examinar la Ley dada a Moisés en comparación con La Gracia provista por El Señor Jesucristo. Ayer vimos como Dios le recordó a los creyentes en Galacia, a través de Pablo, que ellos había recibido Su Espíritu por fe y no por obedecer a la Ley. Nadie ha recibido jamás El Espíritu de Dios por seguir la Ley, y por la fe lo Sobrenatural es ahora accesible a los creyentes Neotestamentarios. Continuemos desde donde nos quedamos ayer.

Pablo escribe, “Sabed, por tanto, que los que tienen fe, éstos son hijos de Abraham” (vv7). Muchos de nosotros leemos esta declaración y no nos detenemos mucho a pensar en ella. Sin embargo, en ese tiempo, para un lector Judío, esta era una idea nueva. Por miles de años los descendientes de Abraham vivieron como una nación y conocían su árbol familiar hasta su patriarca. La gente no era israelita simplemente por elección sino por nacimiento. Pero todo eso cambió cuando vino El Señor Jesucristo. Pablo prosigue diciendo, “Y la Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: «En ti serán benditas todas las naciones.»  De modo que los que tienen fe son bendecidos con el creyente Abraham” (vv8, 9). Pablo aclara que el linaje espiritual de Abraham ahora se extiende más allá de la linea sanguinea. Cuando Dios dijo, “En ti serán benditas todas las naciones,” El Señor vio hacia adelante, miles de años después, hasta el momento en que El Señor Jesús muriera y la bendición a Abraham se extendiera a los Gentiles.

Hoy, no solo tenemos acceso a las Bendición de Jesús, sino que en Cristo tenemos también la Bendición de Abraham. Esta conexión viene por la fe y no por las obras de la Ley de Moisés. Pablo explica, “ Todos los que dependen de las obras de la Ley están bajo maldición, pues escrito está: «Maldito sea el que no permanezca en todas las cosas escritas en el libro de la Ley, para cumplirlas.» Y que por la Ley nadie se justifica ante Dios es evidente, porque «el justo por la fe vivirá»” (vv 10,11).  Nos detendremos aquí por el día de hoy.

¿Qué significa esto para usted hoy? Vamos a entresacar algunas joyas:

1.  Dios vio miles de años hacia el futuro cuando habló a Abraham para bendecirlo. Dios hace lo mismo por usted. Cuando Dios lo ve a usted, Él ve mucho más: Él ve la descendencia de usted. ¡Así que cuando Dios lo bendice a usted, Él está bendiciendo a toda su descendencia!

2.   Si usted se fía de la Ley para estar en paz con Dios, la Biblia nos dice que usted vive bajo maldición.

3.  Si usted sigue una porción de la Ley, aun una porción muy pequeña, la Biblia dice que usted debe tratar de vivir de acuerdo a toda la Ley y que estará viviendo bajo maldición (mire Deuteronomio 27:26, Santiago 2:10, Gálatas 3:10).

4.   La Biblia dice que nadie que siga la Ley es justificado delante de Dios (Gálatas 3:11). Asi que, si usted trata de vivir bajo la Ley, debe saber en lo que se está metiendo.

5.  Cristo nos redimió de la maldición de la ley haciéndose Él maldición por nosotros (Gálatas 3:13). No regrese a propósito al lugar de donde Cristo lo ha redimido. Atesore la Gracia y camine en la libertad con la cual Jesucristo le ha hecho libre.

Declaración de Fe: Padre te doy gracias por amarme tanto para enseñarme Tu Palabra en una manera fácil de entenderla. Mientras más aprendo de la maldición que acarrea vivir bajo la Ley, más quiero vivir lejos de ella. No me daba cuenta de lo mucho que, sin querer, imponía ataduras a mí mismo y se las imponía a otros. La Ley acarrea maldición a todos aquellos quienes pretenden vivir bajo ella, y yo estoy agradecido de no estar más bajo maldición. Yo no te sirvo a Ti tratando de vivir bajo una lista de reglas. Yo te sirvo siendo guiado por Tu Espíritu.  Pusiste Tu Santo Espíritu en mi, y ahora Él me guía diariamente. El me dirige, guía y muestra el camino en el que debo de ir. El Espíritu Santo me permite ver lo Sobrenatural y Él me permite vivir en la libertad por la que Cristo murió para hacerme libre. Ya no estoy más bajo sujeción; Cristo murió para darme libertad. Por fe declaro que soy libre. No vivo en pecado, pero no porque me esfuerce por NO pecar sino que No vivo en pecado porque me enfoco en ser guiado por El Espíritu Santo y convertirme en la persona que Tú me has destinado a ser. Yo declaro esto por fe. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

¡Esta es la Palabra de Hoy! Póngala por Obra y Mejore.