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Lázaro – (18va Parte) – Lecciones de Lázaro

Esta mañana continuamos nuestra nueva serie titulada, “El Año de la Manifestación Sobrenatural“, con nuestra mini-serie sobre “Los Milagros de Jesús.” Hemos estado estudiando el milagro de Lázaro por más de un mes. Hoy voy a comenzar a concluir nuestro estudio acerca de este milagro, y muy pronto voy a concluir esta miniserie. Vamos a continuar pues con la historia de Lázaro.

 

Ya hemos cubierto todo el relato del milagro de Lázaro. Todo comenzó con Jesús recibiendo la noticia de que Lázaro estaba enfermo. Lo primero que Jesús dijo acerca de la situación fue: “Esta enfermedad no terminará en muerte, sino que es para la gloria de Dios, para que por ella el Hijo de Dios sea glorificado.” La historia prosiguió y Lázaro murió. La situación no terminó en la muerte (como Jesús dijo). Al final, este tremendo milagro sirvió como evidencia para muchos de que Jesús era de hecho el Mesías. Como resultado de este milagro, muchos pusieron su fe en Jesús. La declaración de Jesús de que esta enfermedad iba a ser usada para la gloria de Dios se hizo realidad. Dios obtuvo la gloria y el Buen Pastor recibió ovejas nuevas a causa de ella. Pero también tenemos que recordar que para todo lo bueno que produjo, y para toda la gloria que Dios recibió, hubo una familia en esta historia que tuvo que pasar por una terrible experiencia dolorosa. Lázaro tuvo que experimentar la enfermedad y la muerte durante cuatro días. María y Marta tuvieron que experimentar la pérdida de su hermano y el dolor al saber que Jesús había sido notificado pero que no había llegado. Una familia entera estaba básicamente de cabeza y tuvieron que experimentar un verdadero dolor para que Dios fuera glorificado. Creo que esta es una parte que a menudo es pasada por alto cuando se estudia esta historia.

 

¿Qué significa esto para ti hoy?  Aquí tienes algunos puntos.

 

  1. Ser cristiano no significa que nunca te enfrentarás a desafíos. Esto puede significar que te enfrentes a más de lo que jamás imaginaste. Porque una vez que tomes la decisión de vivir en tu propósito divino, llevarás a cuestas un objetivo espiritual. La diferencia es que cuando empieces a vivir la vida con la gracia de Dios, harás más de lo que jamás imaginaste. Porque no lo harás tú. Será el Padre, que vive en ti. Él te dará las palabras, Él realizará la obra, y Él te permitirá superar todos los desafíos a los que te enfrentes.

 

  1. Dios nunca te prometió un día de campo perpetuo. La vida no se supone que sea un paseo por un hermoso jardín de rosas. La vida consiste en hacer que el Reino tenga un impacto en este mundo. Se trata de dejar una marca en la tierra que no sea fácilmente borrada. Se trata de completar tu misión divina antes de que mueras. No vas a ser de impacto sin superar la oposición.

 

  1. A veces le pasan cosas malas a la gente buena. Ojalá pudiera decirte que ya que has Nacido de Nuevo nada malo te volverá a suceder. Si lo hiciera te estaría mintiendo. Estar cubierto por la sangre de Jesús no significa que estás exonerado de las cosas malas. Sólo significa que vas a superar todas las cosas malas que se te atraviesen. El ataque vendrá, pero simplemente no tendrá éxito.

 

  1. Siempre que te enfrentes una situación que es más grande que tu capacidad para manejarla, involucra a Dios a través de la oración. Dios puede hacer lo que tú no puedes hacer. Donde termina la habilidad humana, la habilidad sobrenatural de Dios entra en acción.

 

  1. Dios ya lo sabe. Cuando ores, recuerda que no estás enviando noticias de última hora a Dios, como un reportero frente a la acción. Él sabe todo lo que tienes y lo que te sucederá. Puede que eso haya sido una sorpresa para ti, pero debes tener paz sabiendo que no fue una sorpresa para Dios.

 

  1. La visión le da al dolor un propósito. Cuando conoces aquello a lo que estás llamado, y estás persiguiendo tu propósito divino, tienes claridad divina mientras estás pasando por situaciones dolorosas. Si Dios lo permite, y Él está tratando de obtener la gloria de ello, entonces hay un propósito detrás del dolor.

 

Voy a parar aquí por hoy. Tengo unos cuantos puntos más que darte en nuestro próximo mensaje.

 

Declaración de Fe: Padre, este es un año de Gran Victoria para mí. Te doy las gracias por esta serie. Estoy desarrollando mi capacidad para permanecer en la fe, sin importar lo difíciles que sean las situaciones. Tu Palabra dice que los que confían en Ti serán como el Monte de Sion. Una cosa que sé sobre el Monte Sion es que no se moverá. Permaneceré firme, inamovible y afianzado, todos los días de mi vida. Yo permaneceré en la fe, sin vacilar, confiando en Ti en todo momento. Cuando me enfrento a una situación difícil, me recuerdo que mi estado no es mi destino. Estoy de pie en la fe… habiendo hecho todo lo que puedo soportar, y cuando me canso, decido seguir en pie. Estoy decidido a ver Tu mejor manifestación en mi vida. ¡No voy a perder, porque me niego a darme por vencido!  Declaro esto por fe. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

 

¡Esta es la Palabra de Hoy! Ponla por Obra y Mejora!