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  • April 01, 2014
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Los Perdonados Perdonan a Otros

(Lea Mateo 18:21-35)

Esta mañana voy a hacer algo un poco diferente. Les he estado enseñando acerca de la gracia y de la importancia de “Minimizar Su Humanidad y Maximizar Su Divinidad.” Yo estoy confiado en que usted estará creciendo en gracia y en amor hacia los demás. Yo soy un firme creyente en que entre más se acerca usted a Dios, usted piensa menos en usted, porque se da cuenta de cuán imperfecto es. Cuando llega a este punto, usted se vuelve menos crítico de otros y tiene más gracia para con los demás. Reflexionar en esto me llevó a pensar acerca del perdón y cómo hay muchas personas dentro del Cuerpo de Cristo que llevan amargura en sus corazones. Cuando esto pasa, el peso de la ausencia del perdón frena su crecimiento en Cristo y limita el impacto que pueden tener en el mundo.

En Mateo 18 encontramos una pregunta interesante de parte de Pedro al Señor Jesús. Ya que Pedro era tan meticuloso, él buscaba una fórmula matemática para la gracia. Pedro preguntó, “¿Hasta cuántas veces debo perdonar a mi hermano que peca contra mí?” le preguntó a Jesús. “¿Hasta siete veces?” continuó Pedro, inclinándose hacia el lado de la generosidad, porque los Rabinos de su tiempo sugerían que fueran 3 veces el máximo de veces que se esperaba que uno perdonara a otra persona. Estoy seguro que a muchos de nosotros nos gustaría tener esa regla hoy en día… “¡tres strikes y estás fuera!” sería nuestra respuesta a alguien que nos molestara. Sin embargo, Jesús no aprobó la respuesta de tres o de siete veces, sino que dijo, “No siete, sino setenta veces siete.” El Señor no nos enseña con esto a llevar una cuenta de cuántas veces nos hacen algo malo y extender nuestra gracia hasta llegar a 490 veces. No, el perdón, de acuerdo a Jesús, no es algo de lo que se lleva la cuenta o algo que se puede ganar. El perdón es dado por gracia, y tan solo por la gracia.

La pregunta de Pedro llevó a Jesús a referir una historia. Jesús contó de un sirviente que de alguna manera se endeudó con varios millones de dólares. La deuda era tan grande que era casi inimaginable pensar en ella, pero eso resalta el punto que hace Jesús. Era claro que el hombre no podía pagar su deuda. Sin embargo, el rey, a quien le debía el dinero, fue movido a compasión y cortó de tajo la deuda, dejando al sirviente en libertad. Si la historia del Señor Jesús hubiera terminado allí hubiera sido ya muy buena. Sin embargo, la historia se torna muy interesante de repente cuando el siervo quien acababa de ser perdonado de esta gran deuda, se encontró con alguien que le debía unos cuantos dólares. Uno pensaría que alguien a quien se le había perdonado una deuda tan grande simplemente perdonaría a su hermano, pero ese no fue el caso. El hombre que había sido perdonado tomó al hombre que le debía por el cuello y lo empezó a ahorcar, gritándole “¡Págame lo que me debes!” Este hombe es claramente un malagradecido y representa a aquellos que no han entendido la gracia. El rey en esta historia representa a Dios y lo que Él ha hecho por nosotros. C.S. Lewis dijo acerca de esto, “Ser Cristiano significa perdonar lo inexcusable, porque Dios ha perdonado lo inexcusable de usted.”

¿Qué es lo que esto significa para usted hoy? Aquí tiene algunas ideas breves:

1. Es de esperarse que los receptores de la gracia sean los emisores de la gracia.

2. Los perdonados deben perdonar a otros. Entre más se da cuenta cuánto Dios le ha perdonado, más debería sentirse inclinado a perdonar a otros.

3. Entre más crezca en Cristo, usted pensará menos en usted y estará más agradecido del Dios que está en usted.

4. Los Cristianos críticos muestran cuán inmaduros son en Cristo, porque entre más madura en Cristo, más se da cuenta del hecho que solo por gracia usted es salvo.

5. Cuando usted se de cuenta de que el poder de Dios solamente puede fluir a través de usted cuando usted minimiza su persona, y sabe que eso solamente sucede cuando acepta la gracia de Dios, usted será más apto para minimizar las fallas de otros y aceptarles por gracia.

Declaración de Fe: Padre, al igual que el hombre en la historia, hoy me doy cuenta que tenía una deuda impagable. Jesús voluntariamente pagó el precio que yo no podía pagar por una deuda que Él no debía. Sin embargo, a diferencia del hombre en la historia, yo no voy a ser ingrato. Yo aprecio Tu gracia hacia mí y permitiré que Tu gracia fluya a través de mí, hacia otras personas. Ya que mucho me ha sido perdonado, yo perdonaré mucho también. Ya que he sido recibido por gracia, yo seré entonces un conducto de la gracia. Ya que has perdonado lo inexcusable en mí, yo, a través de Tu amor, perdonaré lo inexcusable de otros. Y entre más ando contigo más me doy cuenta cuánto necesito Tu gracia. Nunca menospreciaré a alguien —por sus fallas o defectos—porque me doy cuenta cuánto yo he fallado y cuándo necesito Tu gracia. ¡Gracias Padre por extenderme Tu gracia y ya que Tu gracia ha venido A mí, ahora te pido que Tu gracia emane A TRAVÉS DE mí! Y cuando suceda, cuando Tú fluyas a través de mí y toques a otros, yo seré el conducto de Tu amor, luz y poder, en un mundo que necesita ver Tu luz, sentir Tu amor, y experimentar Tu poder. Yo declaro esto por fe. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

¡Esta es la Palabra de Hoy! Póngala por Obra y Mejore.