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¡Servimos a UN SALVADOR VIVO!

(Marcos 16:1-6 NVI) Cuando pasó el Sábado, María Magdalena, María la madre de Jacobo, y Salomé compraron especias aromáticas para ir a ungir el cuerpo de Jesús.  Muy de mañana el primer día de la semana, apenas salido el sol, se dirigieron al sepulcro.  Iban diciéndose unas a otras: ‘Quién nos quitará la piedra de la entrada del sepulcro?’ Pues la piedra era muy grande. Pero al fijarse bien, se dieron cuenta de que estaba corrida. Al entrar en el sepulcro vieron a un joven vestido con un manto blanco, sentado a la derecha, y se asustaron.  —No se asusten —les dijo—. Ustedes buscan a Jesús el Nazareno, el que fue crucificado. ¡Ha resucitado! No está aquí. Miren el lugar donde lo pusieron.

 

Esta mañana continuaremos con nuestra miniserie, “El Camino a la Resurrección.” Jesús sufrió una muerte brutal en la cruz por toda la humanidad, pero recuerde que nadie tomó Su vida. Jesús libremente dio Su vida por nuestro pecado. Después de la muerte de Jesús, bajaron el cuerpo de la cruz, lo envolvieron con telas de lino, junto con especias aromáticas y lo pusieron en un sepulcro prestado que nunca había sido usado. José de Arimatea (el dueño de la tumba) y Nicodemo prepararon el cuerpo. Estos dos hombres pusieron el cuerpo de Jesús en la tumba y se fueron. Desde este punto continuaremos con nuestro texto de hoy.

 

Las mujeres fueron a buscar el cuerpo de Jesús, pero no lo encontraron. ¡El cuerpo no estaba allí porque Jesús se había levantado de los muertos! Esto es lo que realmente celebramos este Domingo. El Domingo de Resurrección se trata de la tumba vacía que se convirtió en las Buenas Nuevas del evangelio para toda la eternidad. La tumba vacía le da alegría y entusiasmo a los Cristianos de todo el mundo. ¡La tumba vacía es el combustible de nuestra fogata, el aire de nuestros pulmones, y el viento bajo nuestras alas! Sin la tumba vacía no hay Cristiandad. Sin la tumba vacía no tenemos esperanza. Sin la tumba vacía nuestro mensaje es solo un cuento. Pablo lo dijo de esta manera, “Y si Cristo no ha resucitado, nuestra predicación no sirve para nada, como tampoco la fe de ustedes” (1 Cor 15:14 NVI).

 

La resurrección de Jesús de los muertos es el evento más importante en la historia de la historia. La resurrección de Jesús es lo que nos separa de todas las demás religiones. Nosotros no servimos a un ídolo. No servimos a un hombre. No servimos a un Dios muerto. ¡Nosotros servimos a un Salvador Vivo –Su Nombre es Jesús! Durante cerca de 2,000 años desde este suceso muchos han tratado de desacreditar y desechar la validez de la Resurrección de Jesús. Como uno de mis mentores, el Dr. Charlie Dean Parmer diría, La más enfática afirmación de la validez de Su Resurrección literal fue el cambio dramático que produjo en la vida de esos seguidores. De los débiles, dubitativos, indecisos y renegados pescadores, recaudadores de impuestos, etc.; los doce más otros se convirtieron en el grupo más celoso, fervoroso y dinámico que haya vivido. Ellos literalmente se convirtieron en ardientes evangelistas por la causa de Cristo; y ellos voltearon completamente de cabeza el mundo por Él durante los siguientes 71 años. Ellos fueron condenados, amenazados, encarcelados, golpeados, y ordenados a callar; pero ellos volvieron de nuevo a las calles y continuaron predicando a Jesús –¡vivo por la Promesa, muerto por un Propósito, resucitado por el Poder (de Dios), y reinando para nuestra completa Plenitud y Placer!

 

¿Qué es lo que esto significa para ti hoy? Aquí tienes algunos puntos:

 

1.  Jesús conquistó la muerte. La Victoria de Jesús sobre la muerte nos libra del poder del temor de la muerte. Jesús le quitó a la muerte su aguijón y la despojó de su victoria (1 Cor 15:55).

 

2.  El Cristianismo es la única religión con un Salvador vivo. Mahoma, Buda, Ghandi, etc., todos ellos murieron y permanecen muertos.

 

3.  Para ser Cristiano tú debes tener un encuentro personal con Cristo. Tú puedes ser un Musulmán sin conocer jamás a Mahoma, tú puedes ser un Budista sin haber conocido a Buda, ¡pero si vas a ser un Cristiano, tú mismo tienes que tener un encuentro con Cristo!

 

4.  Tu Salvador vivo te da una esperanza viva. Tú puedes tener una esperanza viva en medio de un mundo decadente y agonizante. Cuando la gente te vea hoy, cuando ellos te llamen por teléfono, cuando ellos vengan a tu casa u oficina, ¿verán esa esperanza viva? ¿Podrán escucharla en tu voz? ¿Podrán verla en tu cara? ¿Podrán notarla en la forma como vives tu vida? Si no es así, ya es hora de empezar a hacer algunos cambios.

 

Declaración de Fe: Padre, te doy las gracias por enviar a Jesús a morir para que yo pudiera vivir. Jesús fue el único hombre sin pecado que ha vivido en el planeta. Jesús vivió una vida sin pecado y Él después fue condenado y muerto, no por algo que Él hiciera, sino por lo que yo hice. Jesús murió por mí. Después de tres noches y tres días Tú le levantaste de los muertos con el poder en Su mano. Tú hiciste a Jesús Señor en el cielo, en la tierra y debajo de la tierra. Ahora yo vivo por Él, en Él, con Él, y a través de Él. Es en Tí que yo vivo, me muevo y tengo mi ser. La victoria de Jesús sobre la muerte significa que la muerte no tiene victoria sobre mí. Yo hago morir mi yo interno, estoy vivo en Cristo, y sé que viviré para siempre en Tí y contigo. Yo te amo con todo mi corazón y Te sirvo todos los días. ¡Ayúdame a compartir hoy Tu amor, Tu luz y el poder de Tu resurrección con el mundo! Yo sirvo a un Salvador vivo…..Su Nombre es Jesús, y este Salvador vivo es mi Señor, mi Roca, mi Fortaleza, y mi Redentor. Yo sé que mi Salvador vive. ¿Cómo es que lo sé Padre? Porque Él vive EN mí. Yo seré Sus piernas para andar, Su boca para hablar, y Su cuerpo para obrar a través del día. No hay otro nombre dado debajo del cielo, en la tierra, en el que los hombres puedan ser salvos, excepto el nombre de Jesús. Tú le diste un nombre que es altamente exaltado y yo procuro exaltarle diariamente a través de mi vida y mi forma de vivir. ¡Jesús es el Señor de mi vida y viene un día cuando cada rodilla se doblará, y cada lengua confesará que Jesús el Cristo es el Señor! ¡Hasta ese día, yo compartiré la bondad de Jesús a donde quiera que vaya! Yo tengo una esperanza viva que permea a través de mí, todos los días, de todas las formas. Yo declaro esto por fe. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

 

¡Esta es la Palabra de Hoy! Ponla por Obra y Mejora.