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  • January 06, 2014
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Sin Condenación

(Lea Romanos 8:1,2)

Esta mañana continuaremos con nuestra serie “La Gracia que es Simplemente Maravillosa.” En nuestro último mensaje vimos como un creyente Nacido de Nuevo es un hombre nuevo, en un cuerpo viejo, que necesita una mente nueva. Hoy vamos a ver un par de versículos que son un poco difíciles de comprender si no conocemos el contexto en el que están escritos. Yo amo Romanos 8:1,2 y lo cito frecuentemente, pero como cualquier otra cita, si el texto es tomado fuera de su contexto, puede ser fácilmente malinterpretado.

La Nueva Versión Internacional de Romanos 8:1,2 dice, “Por lo tanto, ya no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús, pues por medio de Él la ley del Espíritu de vida me ha liberado de la ley del pecado y de la muerte.” Siempre que usted encuentre escrito “Por lo tanto” usted debe de averiguar por qué está ahí. Hemos hablado hasta ahora de los capítulos 5, 6 y 7 de Romanos. Tenemos ya una idea clara de lo que Pablo escribe. En estos dos versículos el Apóstol sigue elaborando sobre los fundamentos que nos dio en los capítulos anteriores.

Pablo nos había dicho anteriormente “Entonces me di cuenta de que los mandatos de la ley —que supuestamente traían vida— trajeron, en cambio, muerte espiritual” (Romanos 7:10), que “si no existiera la ley, el pecado no tendría ese poder”(Romanos 7:8), y que “ahora podemos servir a Dios, no según el antiguo modo —que consistía en obedecer la letra de la ley— sino mediante uno nuevo, el de vivir en el Espíritu” (Romano 7:6). Me parece claro que Pablo está comparando la vida que acostumbrábamos vivir bajo la Ley de Moisés, la cual conducía al pecado y a la muerte, con la vida que se supone debemos de vivir ahora, guiada por el Espíritu y la cual nos lleva a maximizar nuestro potencial y propósito. Esto nos ayuda a entender la Ley del Espíritu y la Ley del Pecado y de la Muerte.

La traducción de J.B. Phillips hace una buen trabajo en explicar esto. Dice así, “Ninguna condenación pesa sobre la cabeza de quienes están “en” Cristo Jesús. Porque el nuevo principio espiritual de vida “en” Cristo me rescata del viejo círculo vicioso del pecado y de la muerte” Una vez más, esta es una comparación entre la vida que muchos vivíamos bajo la Ley en un intento por obedecer reglas externas, y la vida que con Su muerte nos dio Jesús, la cual es una vida guiada por el Espíritu Santo.

¿Entonces qué quiere decir esto para usted hoy? Aquí tiene algunos puntos:

1. La Ley de Moisés era una ley que conducía al pecado y a la muerte. Jesús murió para librarnos de esa Ley y para darnos una nueva: La Ley del Espíritu.

2. Bajo la Ley de Moisés los creyentes trabajaban incansablemente para cumplir reglas externas y todo el esfuerzo era humano. Bajo la Ley del Espíritu, los creyentes Nacidos de Nuevo pueden ser guiados internamente por el Espíritu Santo para vivir una vida que sea agradable a los ojos de Dios. Además, el Espíritu Santo no solamente nos da dirección, sino que también nos proporciona ayuda y poder divinos. El Espíritu Santo nos dice qué hacer y nos ayuda a realizarlo. Esto es muy diferente a la Ley de Moisés.

3. Cristo nos libró del poder del pecado y del aguijón de la muerte. Ya que ni el pecado ni la muerte tienen poder alguno sobre nosotros, podemos vivir una vida sin condenación. El diablo viene para condenarnos y esto nos arrebata nuestra confianza (fe). El Espíritu Santo nunca le condenará, sino que le traerá convicción. Pero Él no le traerá convicción de su pecado, Él le traerá convicción de su justicia. El Espíritu Santo le recordará quien es usted en Cristo Jesús. Esta convicción de justicia le dará confianza (fe) y ayudará a regresar a la senda que Dios desea en su vida.

4. Cuando usted hace algo malo el diablo quiere que se sienta condenado, porque cuando lo hace, usted no tendrá confianza, no tendrá fe, y no podrá vivir una vida agradable a Dios sin fe. Pero el Apóstol Pablo nos enseña que NO HAY CONDENACIÓN para quienes estamos en Cristo Jesús. El Espíritu Santo rápidamente nos trae convicción de nuestra justificación y nos lleva de vuelta a la senda de Dios. Así que no deje que el diablo lo haga tambalearse en la condenación. Si lo permite, usted vivirá una vida por debajo de lo que Dios quiere para usted. Usted seguirá siendo un Cristiano, pero no podrá realizar nada para Dios y no podrá extender Su Reino. Cuando vive de esta forma, usted no es una amenaza para satanás. Satanás considera una amenaza a cualquier creyente que rechaza la condenación, que acepta la justicia que con Su muerte Jesús nos dio, y que busca ser guiado por el Espíritu diariamente para hacer una diferencia en el mundo. Porque recuerde, Dios no quiere usarle porque usted sea muy bueno, ¡Él quiere usarle por Gracia, porque Él es muy bueno!

Declaración de Fe: Padre, te doy las gracias por enseñarme más y más acerca de Tu maravillosa, sólida e inmerecida Gracia. Tú sabías que no podría ser los suficientemente bueno para cumplir con la Ley que le diste a Moisés en tablas de piedra. Pero la Ley cumplió su propósito, revelarme mi pecado y mi necesidad de un Salvador. Yo clamé a Jesús, acepté a Tú Hijo como mi Señor, y Nací de Nuevo cuando pusiste Tu Espíritu dentro de mí. Ahora ya no tengo que vivir mi vida enfocado en leyes externas escritas en piedra, porque Tú tomaste Tu Ley y la escribiste en mi corazón por Tu Espíritu Santo que vive en mí. Ya no estoy más bajo la Ley del Pecado y de la Muerte. Vivo mi vida bajo la Ley del Espíritu y busco ser guiado por el Espíritu en todo. Puede que haya ocasiones cuando no escuche lo que el Espíritu Santo esté diciendo, u ocasiones en las que de plano cometa un error y peque. Pero aun cuando eso suceda Tú no quieres que me tambalee en la condenación. La condenación me arranca mi confianza, y necesito tener confianza en Tí para vivir por fe. Es por eso que Tu Palabra me dice que no hay condenación alguna para mí. Estoy en Cristo Jesús y resisto a satanás y sus intentos por hacerme sentir condenado. El Espíritu Santo no me condena, sino que me trae convicción de la justicia que con Su muerte Jesús me dio. Así que cuando haga algo malo, en vez de aceptar esa condenación, ¡yo abrazo la convicción del Espíritu Santo, me veo a mí mismo de la forma como Tú me ves, regreso a la senda que tienes para mi vida, y permito que me uses por Tu maravillosa Gracia! Declaro esto por fe. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

¡Esta es la Palabra Para Hoy! Póngala por Obra y Mejore.