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  • December 23, 2013
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Una Ley Perfecta para Gente Imperfecta

Este será el último mensaje que envío para este año. De la familia Piña, a su familia, que el Padre te bendiga ricamente en esta temporada y en el 2014!

(Lea Romanos 7:7-13)

Esta mañana continuaremos con nuestra serie “La Gracia que es Simplemente Maravillosa.” En nuestro último mensaje examinamos cómo debemos hacer esa transición de estar bajo las demandas de la Ley, a ser guiados por el Espíritu Santo diariamente en nuestras vidas. Mientras seguimos nuestro recorrido por el libro de Romanos, llegamos al pasaje en donde Pablo explica cómo la Ley de Dios es perfecta, cómo nosotros no lo somos, y cómo el pecado es magnificado por la Ley. Es un pasaje muy revelador. Léalo con su corazón abierto a recibir:

Ahora bien, ¿acaso sugiero que la ley de Dios es pecaminosa? ¡De ninguna manera! De hecho, fue la ley la que me mostró mi pecado. Yo nunca hubiera sabido que codiciar es malo si la ley no dijera: «No codicies»¡Pero el pecado usó ese mandamiento para despertar toda clase de deseos codiciosos dentro de mí! Si no existiera la ley, el pecado no tendría ese poder. Hubo un tiempo en que viví sin entender la ley. Sin embargo, cuando aprendí, por ejemplo, el mandamiento de no codiciar, el poder del pecado cobró vida y yo morí. Entonces me di cuenta de que los mandatos de la ley —que supuestamente traían vida— trajeron, en cambio, muerte espiritual. El pecado se aprovechó de esos mandatos y me engañó; usó los mandatos para matarme. Sin embargo, la ley en sí misma es santa, y sus mandatos son santos, rectos y buenos.

¿Pero cómo puede ser? ¿Acaso la ley, que es buena, provocó mi muerte? ¡Por supuesto que no! El pecado usó lo que era bueno a fin de lograr mi condena de muerte. Por eso, podemos ver qué terrible es el pecado. Se vale de los buenos mandatos de Dios para lograr sus propios fines malvados.”

¿Qué es lo que esto significa para usted hoy? Aquí tiene algunos puntos:

1. La Ley saca a la luz nuestros pecados. Pablo dijo, “De hecho, fue la ley la que me mostró mi pecado .Yo nunca hubiera sabido que codiciar es malo si la ley no dijera: «No codicies»:” Hemos tratado este tema muchas veces en esta serie, pero esta es una verdad que vale la pena repetir una vez más: La Ley no fue diseñada para justificarle, fue diseñada para mostrarle lo mal que está y que necesita un Salvador. El Salvador vino, Su nombre es Jesús, y Él vino a salvarnos de nuestro pecado y de la muerte.

2. El pecado se enfoca en la Ley por su poder. Pablo dijo, “¡Pero el pecado usó ese mandamiento para despertar toda clase de deseos codiciosos dentro de mí!” y “El pecado usó lo que era bueno a fin de lograr mi condena de muerte. Por eso, podemos ver qué terrible es el pecado. Se vale de los buenos mandatos de Dios para lograr sus propios fines malvados.” En otra carta, Pablo escribió, “Pues el pecado es el aguijón que termina en muerte, y la ley le da al pecado su poder” (1 Cor. 15:56). El pecado usa la Ley para resaltar todas las cosas que usted ha hecho y las que sigue haciendo mal. Sin la Ley el pecado no tendría poder alguno. Pero afortunadamente Cristo nos redimió de la maldición de la Ley.

3. La Ley acarrea muerte, Jesús trajo la vida. Pablo dijo, “Entonces me di cuenta de que los mandatos de la ley —que supuestamente traían vida— trajeron, en cambio, muerte espiritual.” En otra carta Pablo dijo, “ El camino antiguo, con leyes grabadas en piedra, conducía a la muerte” (2 Cor 3:7). La Ley es tan perfecta que nosotros, como simples humanos, estamos condenados a quebrantarla y por eso estamos condenados a cosechar los consecuencias de nuestros quebrantamientos. Si El Señor Jesús no hubiera venido a cumplir con la Ley y a pagar el precio del pecado, nosotros no tendríamos ninguna esperanza. Pero Jesús sí vino, Él sí vivió una vida perfecta por nosotros, Él sí murió en la cruz en lugar nuestro, y Él es nuestra esperanza. ¡Ahora somos justos! ¡No por lo que nosotros hacemos o por lo que dejamos de hacer; somos justos tan solo por lo que Jesús hizo!

Declaración de Fe: Padre, te doy las gracias por enseñarme más y más acerca de Tu maravillosa, sólida e inmerecida Gracia. Entre más comprendo cuán perfecta es la Ley que grabaste en piedra, más me doy cuenta de lo imperfecto que soy y cuán maravillosa es Tu Gracia. La Ley me mostró mis pecados. La Ley me llevó al punto en donde me di cuenta que estaba condenado. La Ley me hizo reconocer que yo era un pecador necesitado de un Salvador. Si no hubiera sido por la Ley yo nunca hubiera clamado a Jesús. La Ley trajo muerte, pero el Señor Jesús vino a traer vida. Yo he aceptado a Jesús como mi Señor y abrazo por completo lo que Él hizo en mi lugar. Disto mucho de ser perfecto, pero Jesús fue perfecto por mí. Yo nunca podría guardar la Ley, pero Jesús la guardó por mí. Yo nunca podría pagar la pena por el pecado, pero Jesús lo pagó por mí. El Señor Jesús pagó un precio que yo no podría pagar y lo hizo por algo que no debía. Jesús intervino y me salvó del pecado, del infierno y del sepulcro. Bajo la Ley yo estaría condenado a la muerte. Bajo la Gracia provista por el Señor Jesucristo, tengo y disfruto vida eterna y abundante. Gracias Padre por ser tan bueno conmigo. Tú me bendices ricamente, no porque yo sea muy bueno, sino porque Tú lo eres. Y por eso nunca dejaré de alabarte. ¡Comienzo este día como un hijo del Dios Altísimo, perdonado y con poder! Declaro esto por fe. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

¡Esta es la Palabra de Hoy! Póngala por Obra y Mejore.